lunes, 7 de septiembre de 2015

300 Mil Perros Realengos Producto De Nuestra Propia Irresponsabilidad y Negligencia

Cada vez que en mis comentarios he mencionado la alarmante cifra de 300 Mil (según estadísticas) perros (y gatos) realengos, hay algunos que han debatido o lo han dudado. Ahora el periódico El Nuevo Día (en un artículo desacertado y sin balance, que lamentablemente sirve como un boletín a posturas insensibles y de fomento al desprecio y maltrato a animales victimas del abandono), confirma esa cifra, publicándolo en su portada. Aun así, para saber que el número de animales abandonados en la calle es exorbitante, no hace falta ni portadas en diarios o estudios estadísticos. Creo que con solo tirarse a la calle notaras que están en todas partes. En barrios, pero también en urbanizaciones, en callejones y en calles principales, en carreteras y hasta a la orilla de autopistas. En cualquier lugar, incluso en lugares turísticos y literalmente en frente de la Fortaleza (Casa del Gobernador) te los encuentras. Es bochornoso que ya literalmente tenemos que saltarles por encima a los perros realengos, pues se han convertido en parte de nuestro paisaje. Más bochornoso es pensar, que aunque queramos que el Gobierno (que ha sido ineficiente en esta y otras crisis y sus comentarios en la prensa de hoy son repudiables) saque su “varita mágica” y resuelva este grave problema, somos nosotros los culpables y creadores del mismo, con nuestra irresponsabilidad, egoísmo y nuestra falta de sensibilidad, humanismo y consideración.
Hemos llegado al punto, que no hay albergue o santuario lo suficientemente grande o con el dinero para recibir tantos perros. Por eso le resto todo crédito y merito, a los que desde la comodidad de su Facebook, rascándose su pansa, sin contribución alguna, critican la labor o pocas opciones que tienen estas organizaciones. En vez de criticar al que por lo menos hace algo, adopte, rescate, de Foster, pero sobre todo si tiene animales, sea responsable con ellos, esterilice y sea parte de la solución.
La crisis es a tal magnitud, que los rescatistas que todos los días luchan una batalla perdida, ya no dan abasto. Estos mismos rescatistas que a veces pagan con su propio dinero comida, para por lo menos alimentar (en las llamadas rutas) a los realengos que no pueden rescatar, porque son demasiados. Estos héroes que se tiran a la calle y salvan a uno, mientras otros diez sufren hambre y mueren agonizando por desnutrición o debajo de las ruedas de un carro. Los rescatistas que injusta e insensiblemente tan criticado han sido por amigos, vecinos y familiares, que no entienden la importancia de su labor, en un país que está en crisis, pues los ven como unos locos, obsesivos que están dedicando tiempo una cosa insignificante, como un perro “apestoso” de la calle.
Yo sé cómo es que “se bate el cobre” pues aunque no soy rescatista “full time” y no le llego ni a los tobillos a muchos de estos buenos Puertorriqueños dedicados, también he sido motivo de burlas y críticas, por hacer mi rescate cada vez que puedo, por haber dado un hogar a cuatro rescatados, por dedicar gran tiempo y espacio de mis paginas sociales a esta causa, pero sobre todo, he recibido críticas y burlas por amar a los animales y creer que merecen algo mejor de lo que estamos haciendo con ellos en nuestro país. Me identifico contigo rescatista, pues se cómo amigos se alejan, porque tu sensibilidad como que le produce alguna molestia o apatía, tanto así que muchos de mis amigos de Facebook y paginas sociales han ido alejándose más y más con mi envolvimiento en esta causa.
Quiero reiterar mi rechazo a todo aquel desconsiderado, insensible y egoísta que cria perros para vender (breeders) y lucrarse sin importarle que están contribuyendo a empeorar esta crisis. También el que con igual desconsideración y egoísmo pagan a estos mercaderes de perros, manteniendo un negocio inmoral, en medio de esta debacle y a sabiendas que hay tantos necesitando ser adoptados o rescatados. Pero sin dudas, ya no hay excusa que justifique que todo perro sea esterilizado, para controlar la sobrepoblación.
Es que tenemos que entender que el problema de perros realengos no es uno ajeno o separado de nuestras realidades como país, por el contrario es una pieza en nuestro rompecabezas social, que solo refleja nuestra insensibilidad, falta de solidaridad y el egoísmo con el que vivimos. Pues como los demás problemas que nos aquejan (crisis económica, educación, salud, crimen y violencia, pérdida de valores y respeto), 300 Mil perros realengos son el producto de nuestra propia irresponsabilidad y negligencia. Trecientos Mil Perros realengos no solo es una vergüenza ante el mundo, pero también es otro de nuestros fracasos como país.
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