martes, 4 de agosto de 2015

Simplemente Para Estar Cómodo En Un Asiento Coach De Avión


Disculpe la foto brilloso y sudao. 
Creo que hay problemas cuando llegas al punto en que quedas apretao en las maquinas del gym, o en el asiento de un avión. En estas últimas semanas, he subido peso para aumentar mas masa muscular. Simplemente son estrategias de fisiculturismo, en que seleccionas ciertas épocas de año, para subir (casi siempre navidad) y otras para lo que le llaman definir, rayar, cortar y otros nombres que solo entienden ratones de gimnasio. No es navidad, que hago subiendo peso en vez de bajar? Bueno, en mi caso siempre hago las cosas al revés (será porque soy disléxico o simplemente “changuerias mias” porque me gusta ser diferente?) y mientras todos  se esfuerzan por el anhelado “ six pack” para lucir en la playa, comiendo tilapia con esparrago “strike”… Yo estoy comiendo bastantes carbohidratos (los que se conocen como “limpios) como mucha batata y toneladas de proteína. He aumentado unas 20 libras (por favor no me pregunten el peso) y hasta la cara se me está viendo inflada, como casa de brinco en residencial (um, creo que me pase en ese chiste, discúlpeme!).

Story Time:



Recientemente tuve un viaje de negocio, relacionado con la misma guagua, que cada vez que revienta algo (un peo)  en cierto mercado (emisora en una ciudad) la envían por mí (no chave seré algún mercenario de resuelve misión difícil, como Stallone, de los Expendables o algo así?), pero en el momento de la verdad, antes de montarme, acelera y cierra la puerta en mi cara… Si, esa misma guagua… Veremos qué pasa en esta ocasión... No entienden? No importa, esto no es determinante para este cuento. Seguimos; Sucede que de regreso, la compañía que me mando a buscar, me puso en coach, yo para nada pretendía primera clase y claro tampoco en esa compañía son macetas. Recuerdo el asiento 24a (por lo menos me toco ventana), acomode mi bulto en el compartimiento de equipaje superior y de una vez ayude a una viejita, que parecía llevaba algún contrabando de construcción, como bloques en su cartera. Me acomode como pude en el angosto asiento, me dispuse a ponerme el cinturón, pero antes que pudiera abrocharlo, llego este pequeño individuo, que parecía un hibrido de jugador de baloncesto con luchador de sumo. Todavía no he podido asimilar como acomodo su humanidad en el diminuto asiento. Lógicamente su brazo cayó sobre el mío, que estaba encima del brazo de la silla. Fue una experiencia religiosa sentir aquel brazo peludo acariciando mi brazo, en un intercambio de sudor y ADN. 

Demás está decirles que el viaje de 4 horas aproximadas, pareció un viaje a China y me identifique tanto con el pobre pez beta, cuando veía mi cara casi empujando la ventana. La claustrofobia por poco me hace sacar la careta de oxígeno, si esa que dicen que te pongas tu primero, antes que a los niños de manera muy egoísta.  Y como boxeador a punto de tirar la toalla en el último round, el capitán anuncio: “Damas y caballeros bienvenidos a San Juan Puerto Rico la isla del quebranto” (bueno realmente dijo encanto, eso del quebranto lo invente yo, para estar a tono con nuestra situación fiscal). Al menos con mi cara tan plegada al cristal, pude apreciar cada imperfección, grieta y gotera del techo del Choliseo en el descenso y al aterrizar, hasta sentí que la iguanas en la pista se reían de mí. Para mas esta decirles que por poco pido asistencia y un una silla de ruedas, por lo entumecidas que quedaron mis piernas.


Pero lo que más me dolió, fue que la "apretaera" no hizo posible que participara en el tradicional aplauso boricua, al aterrizar el avión.  Esto sin dudas es señal que ya es hora de comenzar mi dieta, para definir, cortar, rayar… Simplemente para estar cómodo en un asiento coach de avión.

El cabezón (mi pana Casper), no está en este cuento, ni modo que me lo llevara para mi viaje de negocio. Pero como dice el título del blog; Soy el escritor de cuentos perrunos y en mi vida de perro, tengo perraje (experiencias), para contar de sobra.